Imagina que estás en un atolladero. Llevas horas peleándote con un binario de 5 MB que intenta hacer un humble port scan. Y tú, en tu infinita desesperación, te preguntas “por cojones, ¿por qué esto tiene que pesar tanto?”.

Pues resulta que la culpa es del mundo, con sus librerías enormes, sus dependencias infinitas y su manía de hacerte la vida imposible. Y de repente, alguien desde Kampala (¡Kam